30 junio, 2010
DD 12.02
Si uno se posiciona en el más allá, solo la existencia misma puede ser causa de sufrimiento y dolor.
24 junio, 2010
Ombligo
Muchas veces cuando la angustia corrompe la razón, aleja el propio ser hacia el espacio, tritura sus capaz en mil pedazos dejando la consciencia flotando, divagando, lejana a los humanos, lejana al mundo, más por dentro de las nubes, llegando a las estrellas, cuando el vacío y la pequeñez se hacen presentes, cuando no se siente más que ser un simple humano rodeado de millones más, sumándole las diferentes razas de especies que hay, y por sobre todo, las creaciones humanas que no hacen más que irritar e irritar como uñas rasgando una pizarra, ahí es cuando el pensamiento de despertenecer invoca, crea rareza, extrañes, y las miles de preguntas una tras otras surgen ¿porqué poseo esta cara? ¿porqué mi cuerpo es de esta manera? ¿porqué vivimos de este modo? ¿porqué, porqué, porqué? Y la respuesta no esta (una y otra vez kitsch de mi misma). La angustia invade y el sentimiento excluyente se hace más profundo ¿quienes están verdaderamente a tu lado? ¿Que se puede esperar de esos seres que conociste y los que conocerás en tu vida? ¿algún día, en algún punto de su consciencia podrán comprenderte? ¿será posible que cada vez que uno se siente aún milímetro de la comprensión completa la sensación es tal como tocar las vísceras de las propias entrañas hasta quebrar en llanto?
Sin embargo, por más que algún ser humano que haya pasado por la vida en sí pueda llegar hasta esa instancia, jamás llegarán a la única y pura conexión; conexión profunda, conexión carnal, sentimental, existencial, genética, divina si se quiere, profunda, y física, inigualable, propia de origenes, propia de vida, más animal y salvaje que cualquier otra, como una marca, lazo irreversible, irrompible, carente de ficciones por más que algunos lo crean, puro, lúcido, nidal o sexual, sin importar: existencia, generadores de ella, creadores, semillezcos, progenitores, amantes, propio del placer, de la satisfacción en sus ejemplos más buenos, o propio del error, fuese como fuese: padres.
El ombligo nos indica de dónde venimos. Es el lugar por el cual nos era introducido el alimento a través del cordón umbilical en el momento de nuestra gestación, nuestra fuente de vida. Es nuestro nexo de conexión con nuestra madre -marca de la existencia-
El ombligo nos indica de dónde venimos. Es el lugar por el cual nos era introducido el alimento a través del cordón umbilical en el momento de nuestra gestación, nuestra fuente de vida. Es nuestro nexo de conexión con nuestra madre -marca de la existencia-
16 junio, 2010
1, 2, viene por ti
El mundo de la condena
El mundo de la penitencia
El mundo en donde padecemos
PROHIBIDO MORIR
El hombre no tiene paradigma de SER. Y por más que ello exista, siempre se romperá por la imperfección espiritual, física, mental y sentimental del mismo.
Quizás este mundo este hecho para eso. Para condenarnos a sufrir, ser felices por momentos, enojarnos, pasar hambres, aprender, construir, ver miles de formas, sentir, saber, buscar un refugio, vivir y vivir.
Es que nunca voy a entender por que todos viven sin saber porqué existen. Nunca voy a entender porqué aparecen (nacen) en medio del mundo, crecen y no pueden salir de el. Se meten cada vez más, pelean por tener algo, crean miles de productos para alargar la vida, temen a la muerte sin saber que hay luego de ello. Desean con ansiedad rejuvenecer ¿Es que acaso no son conscientes de este período al que llaman vida? ¿Porqué temen a la muerte? ¿Porqué temen a la muerte? ¿Porqué temen a la muerte? Explíquenme!
03 junio, 2010
Dye mi misma
Hace un rato llegué. A comparación de otros días llegué sumamente eufórica y con ganas de escribir. Estos ultimos días han sido de transcición. Pensar y pensar, tratar de encontrar una escalera y poder salir a ver la realidad sin que todo se tiña de negro, sin que la angustia me inunde como humo, lenta y cargosamente. Esta semana me compré cuatro libros. Quizás eso haya cambiado mi estado de ánimo, o mejor dicho, me haya dado fuerzas para seguir con el todo. Estar en esa librería antigua llena de saber, me abrió. Creó una luz dentro mío, despertó la curiosidad, despertó ganas; la neutralidad y ese sentirse infinita. Quizás alguien me entienda, quizás no (es lo que en estos momentos menos me importa).
Me tomé mi tiempo, leí varias solapas y me decidí por dos. Fué bastante divertido observar a quienes se acercaban a ese mismo lugar, por lo menos en esas mismas horas: algo raro tenían. Algo "raro" como llaman las personas insulsas y carentes de varias cosas que ahora no nombraré, por no querer dedicarles tiempo, y por que ya les he dedicado demasiado en algún que otro relato. Recuerdo a una chica de pelo corto con un vestido rojo decorado con unas Mamushkas pequeñísimas que daban la impresión de haber sido cocidas por la propietaria misma. Lo primero que se me vino a la mente fué que había olvidado mi amor por ellas y que debería, desde luego, comprarme unas para decorar mi habitación. Y por otro lado, me detuve a pensar en lo "freak" que son algunos para llegar a vestirse de ese modo. Y si bien, yo no estaba tan sociabilizada con mi vestimenta, una vez más me dije " Leslie, ya han pasado los tiempos de rareza". Así es como salí de la librería con mis libros, chocha, fascinada y ansiosa por leerlos, además de dos fotos antiguas de las que se vendían en el lugar: una de un gatito, que por cierto, tambien los amo, y una de un padre junto a su hija valga la redundancia. Quizás la idea de la librería como cable a tierra no este tan errada, es decir, comienzo de a poco a sentirme viva. Es como llegar al máximo grado del biorritmo.
Los otros dos libros los compré en un puestito de esos sobre Av. Santa Fé. Esta vez destaqué nuevamente la reacción que tienen algunos cuando pido por ciertos autores, es increíble lo bien que me tratan, como se interesan. Me hacen sentir comprendida, lejos o cerca de cualquier otra razón. Y hasta a veces siento que catalogan al cliente usando algo como: "dime que lees y te diré quien eres"; yerro demasiado, creo.
En el día de ayer seguí con esta especie de metamorfosis. Y será quizás por esas enormes casualidades del mundo que me tocó mi asiento favorito en el colectivo de vuelta a casa. Sentarme adelante de todo me hace sentir en equilibrio, me hace ver con claridad el paisaje que, como la gran mayoría de visiones de este tipo, me llevan a pensar en lo bello que es eso mismo, y al mismo tiempo, me derivan en la misantropía infinita de siempre; esto de las cadenas semánticas ya es una característica propia de mi mente. Así es como me senté, tranquila y ansiosa por leer, ya que es una de las pocas veces que ese asiento se encuentra vacío cuando subo, más bien diría cualquier asiento, y mientras leía tomaba pausas para apreciar el viaje. La oscuridad, las luces de los autos, semáforos, y al mismo tiempo imaginarme ese mismo lugar pero desértico. Como sería si no hubiese de por medio la mano del hombre, como cambiaría y hasta quizás cuanto más bello sería. En fin, derivando de un pensamiento a otro, llegué a casa y comenzó la revolución del orden. Me sentí sucia por haber descuidado tanto mi lugar, mi espacio, mis cactus, mi espejo, mi yo. Para cuando me acosté, sentí algo de cansancio, no mucho. Pero más reconfortarle aún fue despertar y darme cuenta que no había tenido ningún sueño extraño, oscuro, y que parecía que todo tomaba sus verdaderos colores nuevamente. Traté de no divagar durante toda la mañana, de no despistarme con la nada misma como siempre: Control. Nuevamente, mi nueva herramienta: Control.
Y por más, mis queridos anónimos lectores, que todo esto suene a un mísero y despreciable relato, he descubierto que puedo auto-estimularme. Ya no pensaré en la muerte. Ya no debo pensar en ello. Ya no debo ser mi propio mal, mi propio camino hacia la angustia. Tengo el trabajo de construir mi vida como a mi se me ocurra. Diseñarla, transformarla. Ponerle lo que más desee. Hacer lo que tenga ganas de hacer, dedicarme a lo que quiera. Disfrutar de todo lo que me guste, etc. etc. Pero ahora, y una vez más, por lo que más quieras (y si eso es la muerte, podes usarlo también): Leslie, pensá bien. Recordá lo que estas escribiendo, no te tiñas de negro, no te tiñas de negro, no te tiñas de negro.
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