31 marzo, 2008

Muerte, Dios y más

G e r m á n: Less, ¿qué hay después de la muerte para vos?
ms.: Nada. Morís y ya.
G e r m á n: ¿si?
ms.: Tu mente no existe, ni la razón tampoco. Creo que es mejor pensar eso que otras cosas
G e r m á n: Entonces ¿para qué vivís?
ms.: Por la razón que todos viven. Aunque muchos no lo tengan en cuenta. En realidad naces para incrementarte en un sistema, el sistema humano, que dice que si no sos "alguien en la vida" sos nadie. Supuestamente uno nace para divagar, estudiar, recibirse, entrar a una universidad, y tener un trabajo digno de darse los gustos, hasta que llegas a la muerte. Por eso siempre digo, que no me importaría morirme. Hasta me haría un favor. Pero bueno... Mientras tanto, sigo al sistema, para no ser alguien deplorable.
G e r m á n: jajajaj que loco tu pensamiento!
ms.: Creo que es el más realista que vas a encontrar. Yo creo que deja de tener vida el cuerpo y el alma (si es que así le llaman a la consciencia). Pero lo del Dios y bla. No sé. Es algo crítico. Aparte, según una profesora que es ortodoxamente católica e investigo mucho, el infierno no es más que un lugar en donde la mente no tiene consciencia. Nada de fuegos y blablabla. Pensa... ¿cómo hacían los griegos antes del catolicismo? ¿En qué creían? El catolicismo es algo delirante. No sé como ahora (siglo XXI), nadie trata de sacar de encima esa mentira. Creo que es por todo el poder que tiene la iglesia. Pero algún día me pondré a formular mi teoría.
G e r m á n: ajaj si =) . Escribí un libro!


(¿)

20 marzo, 2008

Plan de unión

La dama, culpable de envenenar a su esposo a través de un dulce postresito, no hizo más que defenderse diciendo: "El nos dejaba todo el tiempo solas. Y cuando uno esta sola, usted sabe, comienza a imaginar cosas".
Claro que la soledad es un buen indicio para comenzar a imaginar. Pero, ¿quien dijo que la imaginación puede ser del todo buena?


Desde hace unos días comencé a imaginar la muerte de mi padre. Pensé en dejar de lado los problemas y adentrarme más en nuestra relación. Si bien lo veía todos los días en el colegio, no significa que le hablase.
Cada uno comete errores y aquellos que no se benefician son los que deciden seguir compartiendo cosas con el otro, o no. Es por eso que tomé consciencia del "tiempo perdido" y decidí imaginar alguna forma agradable para adentrarlo más en mi vida.

Todo comenzó hace una quincena. Estaba yo dispuesta en mi habitación anhelando que las vacaciones no terminen, cuando recordé que no faltaba mucho para mi cumpleaños. Así fue como, a través de una cadena semántica, terminé derivando en "mi padre". Recordé lo ignorante que es, el poder que tiene la gente para dominarlo, su ingrata familia (que ni siquiera me atrevo a decir que es "mía" también), su irresponsabilidad elocuente, y por sobre todo su desagradable presencia que comenzaría a molestarme día a día. Tanto fue así, que luego de unos minutos, brotó un sentimiento de angustia dentro de mí, llevándome a complacer el gran plan de unión.
Le comenté sobre mi gran idea a mi amiga Claudia, la única desde que tengo uso de consciencia, para tener una segunda opinión. Confiaba demasiada en ella. Cada acción, cada palabra. Poco a poco fui desmenuzando ante ella mi pensamiento más profundo, y también ¿por qué no?, escalofriante. Tras una expresión atónita, con una simple frase abrumadora y decepcionante, Claudia contestó: - Es un disparate. Sí, lo cierto era que mi idea era un disparate y ella solo una mujerzuela. ¿Cómo podría desvalorizar mi confesión respondiendo con esa despreciable frase?
Dejé mi plan en stop y recurrí a mi imaginación para no desbordar en un caos interno, sea en vano o no.

Imaginación: Entre medio de la estabilidad inundada por la soledad, me encuentro en un conflicto interno, rodeada de recuerdos absurdos. Infiltran en mi mente sensaciones de tristeza y una lagrima que cayó por mi mejilla, para no retroceder más. Pienso en lo que sucedió, en el mal que causó y que ahora se fue.
Me tiro en la cama, rodeada de espasmos y dolores, producto de algún indigente, quien corre para dejar atrás el dolor que produjo. Cierra los ojos... -Seguro que es una buena persona. El no hace daño. El no mata, el no nos deja…

Después de unas semanas, aproximadamente, decidí matarlo. Sí, matarlo. No fue para nada fácil. Pero me aterraba saber que no podríamos tener una relación como la de antes.
Claramente el venía ya desde hace mucho tiempo interrumpiendo mi vida. Deshaciendo lo poco que compartía conmigo. ¿Qué reacción podría yo tomar? ¡Dios!
Ahora no digan que estoy loca. Era lo más correcto que podría haber hecho. Era mi plan, mi plan de unión. ¡Por fin estamos unidos!


-Cada martes, a las 14.30 hs., me dirijo hacia el cementerio para verlo y poder recitarle unas palabras. Es hermoso poder hablar sabiendo que el esta allí. Por fin siento esa unión que necesitaba. Hablo, hablo y el me escucha.

18 marzo, 2008

Perdón

msggy ('.') dice (22:48):
Yo desde chica pensé algo parecido, osea... Cuando mis viejos se peleaban, decía: ¿por qué se pelean?, mejor que se arreglen y bajen la cabeza. Todo sería mejor si se perdonaran. ¿Qué mejor que perdonar fácilmente para recaer en la felicidad?
Pero después, cuando empecé a vivir cosas "de adultos", comprendí que un perdón, está muy lejos de un pensamiento, una palabra. Que el rencor y el orgullo te hacen perder la cabeza. Y que lo que para mi es tan fácil, para otros es lo imposible. Dejando así de lado un millón de cosas y perdiendo otro millón más irrecuperables.
Es aún mucho peor cuando tenes hijos, familia. Que por no pensar las cosas y ponerte dos dedos de frente, hechas a perder todo en un centenar de minutos. Cambiando extremadamente de un día para el otro tus costumbres, tu vida.
Cuando yo quise tratar de hacerlo, con mi primera pareja (errando los pasos de mis padres). Perdoné muchísimas cosas. Sin rencor y con la consciencia limpia, sabiendo que lo que yo había hecho era para ser feliz, nada más. Pero mi perdón no fue valorado...

Es como si a cierta edad el ser humano se inundara de sentimientos abstractos que perjudicaran su propio bienestar, su felicidad. Que aún, por más utópica que sea, crea destellos en el alma de quien menos lo necesita.




Futuro por venir. Te mira a los ojos, ¿qué le vas a decir?

(Planeta solitario)