Hoy desperté bien. Conversé conmigo durante una hora y media y me dispuse a partir hacia mi destino. Claramente, no recordaba cuanto hacía desde la última vez que prometí despertarme temprano, quizás mucho tiempo. Debo aceptar que es una de mis mayores virtudes la de prometerme cosas y no cumplirlas, así como proponermelas y abandonarlas. Por ejemplo, cuando decidí reinscribirme en el conservatorio que, desafortunada y agraciadamente, tardé hasta el último día de reinscripciones para moverme e ir a presentar unos miserables papeles, lo cual no me costaba nada más que subirme a un colectivo y caminar 4 cuadras, pero en definitiva, todo fue el resultado de la larva que llevo dentro. Así es como después de la reinscripción, hoy primera semana de conservatorio, no recuerdo los horarios, y lo más probable es que ya tenga una falta. Felicitaciones a mí misma.
Volviendo a la trama de este relato sin rumbo, me dispuse a viajar. Tomé el tren y luego el subte. Mañana tranquila paseando en zapatos, averiguando precios para mis regalos de cumpleaños; nada nuevo. Fui a trabajar (primer día después de mis cortas vacaciones), para tolerar lo intolerable, e irme con el alma cansada. De vuelta, tolerar a los imbéciles hombres haciendo luces con sus autos de mierda, como todos los días, tocando bocina y dirigiendo miradas de inmundicia. Algo que día a día me hace acumular más y más ira. Y estoy segura que no faltará chance en donde un estúpido animal despierte toda la ira acumulada en mi y termine estampado contra una pared rascándose los ojos después de una buena dosis de spray pimienta.
En fín, como relataba hace unos instantes, llegué a casa y tal como estos últimos tiempos después de la crisis existencial, mi madre con una sonrisa y un gesto dulce para recibirme, mi hermano y sus noticias del colegio y la cena junto a Pettinato. Que para muchos será un infradotado carente de lucidez alguna, pero a mí ese hombre me saca más de una risa y me cambia la cena definitivamente. Luego de comer como cerda, volví a la PC para recordar lo sola que estoy y lo insignificante y vacío que se hace una lista de miles de contactos en vano, y lo insulso que me resulta Facebook con su imagen de red social: "hello, no soy social". Todo esto me llevó a no saber que hacer, por ende me puse a mirar videos en You Tube, buscar obras que cantaba en el coro de Pianiggiani, y todo, una y otra vez, nuevamente y tristemente, gracias a la larva que llevo dentro. Esa que me hace estar aquí sentada buscando pretextos para no moverme, para no crear, para estancarme. Yo realmente no sé a donde quiere llevarme, quizás a la tragedia, o mejor dicho a una tragicomedia. Pero, para el desagrado de ella, en estos momentos la estoy atormentando malevolamente, pues por más que me haya ganado y haya perdido más de media hora de mi preciado tiempo, algo he creado. Algo no tan magnifico, pero algo al fin y al cavo: Su historia. Su historia inexplicable hacia otros, su historia malvada, su historia fuera de una terapia, su historia catatónica e inaceptable. La historia que ya nada produce; la historia de lo inevitable.