Me siento cansada, me siento exhausta, me siento emocionada. Me siento débil por momentos, pero más que nada sentimental. Sensible al ritmo, a las melodías que me hacen sentir más que susceptible; aturdida en armonía. Aturdida en placeres que van y vienen constantemente dentro de esta vida. Para luego recaer en algo negativo; claramente, es lo que siempre sucede.
Y me adapto, me adapto a esta vida tan cíclica que no para de girar, dar vueltas, subir y bajar. Me lleva a un extremo, me amputa, y luego hacia el otro lado para dejar de beneficiarme tanto y perder el control de mis estados.
Me extasío con cada sensación, me siento más llena, más firme, más vacía que nunca, para luego soportar los miles de errores que podría haber tenido espontáneamente, para decir que: Realmente soy así, acéptame o vete.
Es que ahora estoy acá, sentada, fumándome un cigarro, escribiendo, sintiéndome estimulada, y pienso en que tengo un millón de cosas que hacer -una de ellas es construir mi vida-, y lo disfruto. Por que, simplemente, sé que mañana me cansaré, me agotaré, me estrujaré contra una pared, y romperé en llantos por no poder seguir con lo que ayer empecé. Y tal vez en ese ayer, estés. Pero eso es tan cíclico como la vida misma, y una vez más, realmente, no tengo ganas de pensar en lo que viene después.
27 octubre, 2009
04 octubre, 2009
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