27 septiembre, 2008

Tiempo Libre

Todas las mañanas compro el periódico y todas las mañanas, al leerlo, me mancho los dedos con tinta. Nunca me había importado ensuciármelos con tal de estar al día con las noticias. Pero esta mañana sentí un malestar apenas toque el periódico. Creo que solamente se trataba de uno de más acostumbrados mareos. Pague el importe del diario y regrese a mi casa. Mi esposa había salido de compras. Me acomode en mi sillón favorito, encendí un cigarro y me puse a leer la primera pagina. Luego de enterarme de que un jet se había desplomado, volví a sentirme mal; vi mis dedos y los encontré mas tiznados que de costumbre. Con un dolor de cabeza terrible, fui al baño, me lave las manos con toda calma y, finalmente, me lave con blanqueador; pero el intento fue inútil por que la mancha creció y me invadió hasta los codos. Ahora, mas preocupado que molesto llamé al doctor y me recomendó que lo mejor era que tomara unas vacaciones o que durmiera. Después, llame a las oficinas del periódico para elevar mi más profunda protesta; me contesto una voz de mujer, que solamente me insulto y me trato de loco.

En el momento en que hablaba por teléfono, me di cuenta de que, en realidad, no se trataba de una mancha, si no de un número infinito de letras pequeñísimas, apeñuscadas, como una inquieta multitud de hormigas negras. Cuando colgué, las letritas habían avanzado ya hasta mi cintura.

Asustado, corrí hasta la puerta de entrada pero, antes de poder abrirla, me flaquearon las piernas y caí estrepitosamente. Tirado boca arriba descubrí que, además de la gran cantidad de letras-hormiga que ahora ocupaban todo mi cuerpo, había una que otra fotografía. Así estuve durante varias horas hasta que escuché que habrían la puerta. Me costó trabajo hilar la idea, pero al fin pensé que había llegado mi salvación. Entró mi esposa, me levanto del suelo, me cargó bajo el brazo, se acomodó en m sillón favorito, me hojeo despreocupadamente y se puso a leer.

· Guillermo Samperio



Uno de los primeros cuentos que me abrió la mente en mi infancia, además de los poemas de Antonio Machado.

08 septiembre, 2008

Drowned world

La magia no fue aturdida. No ida.
Fuimos los dos que decidimos cambiar nuestro estadio; arquetipo.
Yo había cambiado mi mente. Aún sigue cambiada.
Si todo hubiese sido demasiado fácil, no hubieras logrado cambiar mi paradigma.
Y, talvez, si no lo hubieras cambiado, hoy no estaría diciendo esto.

Hola, así es como te veo (siento)


·Haciendo referencia a "magia perdida"

05 septiembre, 2008

La venus de los suburbios

Es que son negras, negras de alma. Uno las ve y cae en angustia por encontrar especimenes tan alterados. Especimenes alterados que no tiene vida, posteridad.
Es que se creen más que uno, que algo. Pues no tienen valor o agallas para interesarse por el mundo. Este mundo pobre que nos rodea. Pobre en humanos, lleno de animales. Pobre de seres que ven al antagonismo como un ser supremo, pues no pueden captar el existencialismo. Sus mentes están insanas, llenas de hipocresía obsoleta y lujuria analfabeta; pobre enfermas.

Un día decidí enfrentarme. Enfrentarme con la supuesta Venus de los suburbios. Su piel me dio asco, produjo una arcada vacía; vomito de alma. Le esputé todo lo que tenía, e ingirió grandes porciones cuidadosamente. Ella soñaba con ser como su narradora; narradora de almas. Descabellada y antiportuaria.
Experimentó sensaciones nunca antes vistas. Tembló como un demonio frente a las aguas sagradas. Corrió y enfermó por siglos, derrumbándose en su propia ilogicidad (rasgo en común que poseía con la mayoría de humanos). Me pregunté si acaso podría existir engendro tan horripilante y penoso en este mundo. Necesitaba una explicación, claramente. Me pregunte una y mil veces por que nacen engendros tan deformes, tales como ella. No encontré respuesta alguna.
Y es que a veces uno cree estar en la cresta de una ola. Pero luego logra alcanzar las nubes, las estrellas, el infinito. Y es allí en donde nadie llega a encontrarte.

La Venus de los suburbios, por más alma ajena que tuviese, no aportó nada a la vida. Sin utilidad alguna, su cuerpo siguió como un espectro en pleno calvario de purgatorio. Como el último eslabón de una cadena alimenticia. Parasito.

02 septiembre, 2008

De naturaleza muerta y establos

Aun tengo las flores dentro de “Romeo y Julieta”. Ayer abrí el libro y las encontré más muertas que nunca. Pero como ya dije: amo la naturaleza muerta. Y si es que ellas quieren revivir, por lo pronto, comprendieron que no las dejaré. Amarré con paciencia pétalo por pétalo a cada hoja y superpuse más de diez libros encima. Ni una gota de luz; nada de oxígeno…
Me dirigí hacia el fondo del establo y en una milésima de segundo lo miré y se me vino en plena caída libre, más de un destellado pensamiento:

Usted sabe que debería haber girado la cabeza hace ya tiempo, sin embargo tiene miedo. Comprendo que sus orejeras se han incrustado en la piel y es dificultoso coordinar los movimientos, pero debe hacer un esfuerzo para deshacerte de ellas. Pronto atropellará a más de uno ¡y quien sabe si no mata! No piensa en las repercusiones, evita pensar en ello por que su dolor es sinónimo a una gran tormenta. Y vuelve de nuevo, acompañado por tristeza y desconsuelo.
En más de una ocasión, generalmente por la noche, es cuando se invierten los roles, y es usted quien comete error tras error, no sus conductores. Debe ser conciente de eso ¿Es que ya esta tan ciego que hasta evita mirar por el único espacio de luz que le quda? Ellos solo le adiestran un poco, para que luego sea usted el culpable ¿Es que no ha pensado en lo cruel que lucen? ¿En cuanta satisfacción sienten al dominarlo? ¿Al maltratarlo con el látigo, haciendo que muerda sus dientes y el dolor sea doble por ser poseedor de esa desgastada jáquima?

La ilogicidad y la inmundicia, palabras dignas de ser sus acompañantes. Se que teme aceptarlo, pero como todo acantilado: o elige tirarse o permanece por años sujeto al filo del abismo dependiendo de ingratos.