A veces me pregunto ¿Cuándo alguien llega a entregarse completamente a otra persona? ¿Cuánto tiempo tiene que pasar? ¿Cuándo es que se siente ese “click” de amor? Y sin embargo me siento sin aire…
Comienzo a respirar fuertemente tratando de olvidar el pasado mediante fotografías inscriptas en mi mente, sensaciones, sentimientos, que de algún modo me atraen a esa percepción equivoca, en la cual vengo derivándome hace años.
No eres la primera en nombrarlo, pero es imposible (o por lo menos así lo pienso). Talvez necesite de un trabajo mutuo, de a dos, para que todo lo que hoy veo se revuelva y retuerza en mi mente. Pero como me has dicho, primero debo comenzar conmigo misma. Y es así, llegaré a ti de otro modo, postulándome para no fracasar, para sentir que nada volverá a repetirse, que dentro de todo, aún estas ahí, soportándome en los peores momentos de mi existencia.
Me siento en pié, nada cambiará por fuera. Dentro de mí la metamorfosis comienza. Necesito remediar lazos del pasado, endurecer pensamientos, sentimientos; entregarme completamente una vez más, con rasgos de otro mundo.
- Cuando sientas un conjunto de comportamientos y actitudes involuntarias y desinteresadas, propias de seres capaces de desarrollar inteligencia emocional o emocionalidad, podrás sentir aquello que tanto deseas, mi querida Leslie. Es cuestión de poder diferenciar el amor romántico, del amor sexual. O aún mejor, llegar a percibir los dos. Así es como debes plantearlo. Creo que el te comprenderá fácilmente, si es que su poder de razonamiento es capaz de seguir esta teoría...
22 agosto, 2008
19 agosto, 2008
El error
... Entonces, si usted así lo cree, supongo que pertenezco a aquellas personas que se proyectan y reflexionan constantemente a futuro. Lo construyen y tratan de poner empeño en el, de modo que al final, en algún momento, reine triunfante para mi beneficio. Llegar a la felicidad, si así lo quiere ver.
Por otro lado acepto la inmundicia del sistema humano y como ello transgrede, quebranta mis planes, mis ansias por ser libre… Sin embargo, he aquí mi plan, abandonar por unos minutos mi cuerpo y llegar a el, usted me entiende.
Por otro lado acepto la inmundicia del sistema humano y como ello transgrede, quebranta mis planes, mis ansias por ser libre… Sin embargo, he aquí mi plan, abandonar por unos minutos mi cuerpo y llegar a el, usted me entiende.
Cenicienta de las ciencias naturales
Es que has estado desde siempre, pero aún no puedes verme. Entonces juegas a encontrarme y yo anhelo que algún día lo logres. Buscas en cada rincón de tu habitación: bajo las sabanas, la cama, tus libros, mi ropa. No puedes. Talvez si apartaras el miedo, logres divisar una parte de mi pierna (un buen comienzo para un principiante).
Y cuando hablo de una pierna como buen comienzo, me refiero a que, los cristales ovalados que me rodean, pudieron reflejar la belleza de tu alma, y que si no fuera por eso, ni siquiera alcanzarías a ver mis cortas uñas. Pero aún, sin alucinación alguna, confío en que des conmigo.
Los libertinos, como tu, son de ese modo (no he leído ningún manual, solo es predicción), y sé que en cuanto tu amor se formule, a raíz del algebra, llegarás a los confines más placenteros de lo que hoy no puedes ver; mi persona.
Puedes pensar que una cenicienta de las ciencias naturales no es lo que más te complace, sin embargo, sabes que así lo es. Y mientras ella pueda manejarte, no tienes fin alguno más que entregarte. Dejar que el placer llegue por tus entrañas hasta el alma.
Vibrante y eficaz, si no consigues amarme será un juego perdido. Aturdido.
Y cuando hablo de una pierna como buen comienzo, me refiero a que, los cristales ovalados que me rodean, pudieron reflejar la belleza de tu alma, y que si no fuera por eso, ni siquiera alcanzarías a ver mis cortas uñas. Pero aún, sin alucinación alguna, confío en que des conmigo.
Los libertinos, como tu, son de ese modo (no he leído ningún manual, solo es predicción), y sé que en cuanto tu amor se formule, a raíz del algebra, llegarás a los confines más placenteros de lo que hoy no puedes ver; mi persona.
Puedes pensar que una cenicienta de las ciencias naturales no es lo que más te complace, sin embargo, sabes que así lo es. Y mientras ella pueda manejarte, no tienes fin alguno más que entregarte. Dejar que el placer llegue por tus entrañas hasta el alma.
Vibrante y eficaz, si no consigues amarme será un juego perdido. Aturdido.
06 agosto, 2008
Barbecue
Preparé las brasas. Fuego lento. Sabía que necesitaba más, pero sin embargo me conformé con las pocas que tenía. No iba a comer demasiado. Por lo pronto comenzaría con la parte del centro, mi favorita. Siempre pensé en lo genial que es cuando uno puede elegir de entre todo el cuerpo de un animal, una costilla, muslo, pata; delicioso.
Mi casa no es muy grande, comprende tres ambientes. Pero sin embargo tengo un parque hermoso y de mucha amplitud. Me encantaba desde niña jugar con mi padre en el. A la edad de nueve años, recuerdo que con mucho entusiasmo compró caños altos, cadenas, y me construyó una hermosa hamaca. Creo que el también disfrutaba mi compañía. Solía ser muy alegre, risueña e infantil. Ya cuando crecí, y al mismo tiempo mi parque (una vecina había decidido vendernos parte de su terreno), mi padre comenzó a construir una parrilla. No es por morbosa, para nada, pero era tan grande que cabía un cuerpo humano. Después de algunos años agregaba con humor: “Podríamos ganar dinero usando nuestra parrilla como crematorio”. Nadie se reía, me daba igual. Sabía que mi humor no era para compartir con nadie, pero de todos modos algún puñal tiraba por esos años.
Justamente, en esa gran parrilla, era en donde hoy prepararía mi cena. Me dispuse a cortar la carne, para comenzar. Ya eran las 21.30 pm. y mi asado estaba en la nada. Me daba mucha ira despedazar la carne, nunca obtenía un corte perfecto. Estaba acostumbrada a que Gior lo haga por mí. El definitivamente podría haberse catalogado como un buen carnicero, sin embargo hoy y nunca más estaría aquí. Había sido mi pareja desde hacía dos años, casi con locura nos hubiésemos casado y todo, si no fuera por la infeliz que decidió arruinar nuestro compromiso. Y ahí iba el hace unas semanas con su prestigiosa y negroide compañera. Dios, ¡asco me daban! ¡Repugnancia! Pero bueno, de modo que el amor es así y uno tiene que aceptarlo, por las buenas o por las malas. Realmente no sé por cual opté, de que manera encuadrar mi reacción. En fin, proseguiré con mi relato sin derivarme en estupideces.
Saqué los muslos primero, ya que era lo más difícil, luego el costillar. De este modo, limpiamente, pude sacar el corazón del animal. No pregunten por que, pero me encanta. Es difícil que alguien elija esta parte del cuerpo, quizás el cuello o el hígado, pero no encontraba persona alguna a la cual le gustase esta peculiar pieza. Salé cuidadosamente cada parte y lo llevé a la parrilla. Por momento pensé que las brasas se habían apagado, pero fue solo una ilusión óptica. Le di unas vueltitas al corazón observándolo cariñosa y hambrientamente, y luego lo dejé para que se cocine en el hermoso calor que producían las brasas en aquella noche de otoño.
Fui a la cocina y comencé a cortar el repollo colorado que tanto me gusta en finas rodajas. Le agregué los condimentos y un plus de mayonesa. Luego pelé y corté un pepino, también en finas rodajas. Las ensaladas eran algo que amaba desde mi niñez. Generalmente, cuando uno es pequeño, no posee el don para degustar los vegetales, se consuela más con lo carnívoro. Pero en mi caso, no fue así. Amaba las ensaladas de mi tía ¡Dios la bendiga! Ella fue quien desde pequeña me incentivó a comer todo tipo de verduras. Desde brócoli hasta cebollas. Una genia, sin duda alguna.
Me fijé cuidadosamente como marchaba la cocción de la carne y sin preocupaciones supe que pronto estaría todo listo. Comencé a preparar la mesa con cautela y elegancia. Cenaría sola, pero estar sola no era ningún motivo para dejar de preparar la mesa con algunas distinciones. Puse un plato, cuchillo, tenedor, una copa de Champán y, por supuesto, una vela roja. Se veía con tanta gracia que hasta yo misma, en chiste me dije: “Ya llegará, no hay apuro alguno, Ev”.
Para cuando saqué mi alimento de la parrilla, el reloj daba las 22.15 hs. ¡Dios! Era demasiado tarde para mí. Estaba acostumbrada a dormirme a las 23.00 hs., y aún tenía que comer, lavar los platos y leer a mi queridísimo Hesse. De todos modos, me contradije, era sábado, y los sábados son para acostarse tarde. Así solía decir mi madre en momentos de su existencia.
Pronto pude complacerme. Me senté en la mesa, junte mis manos tímidamente, y comencé a rezar en voz baja: “Dios, bendito seas por haberme traído a este hombre a mis manos. Bendice esta comida que gracias a ti puedo tener y que tanto nos falta hoy en día. Prometo degustar con amor cada entraña que mis labios rocen y amaré con cada parte de mi corazón a esta pieza de Gior, quien no supo amarme. Por siempre te tendré presente en mi alma, con este amor que de a poco sabe matarme. Bendice estas verduras y corazonada, por siempre agradecida. Amén”.
Y así fue como terminé mi cena. Realmente estaba hambrienta y sé que Gior estaría agradecido de saber que su corazón no fue a parar en un descuidado cementerio, si no, junto al mío.
Mi casa no es muy grande, comprende tres ambientes. Pero sin embargo tengo un parque hermoso y de mucha amplitud. Me encantaba desde niña jugar con mi padre en el. A la edad de nueve años, recuerdo que con mucho entusiasmo compró caños altos, cadenas, y me construyó una hermosa hamaca. Creo que el también disfrutaba mi compañía. Solía ser muy alegre, risueña e infantil. Ya cuando crecí, y al mismo tiempo mi parque (una vecina había decidido vendernos parte de su terreno), mi padre comenzó a construir una parrilla. No es por morbosa, para nada, pero era tan grande que cabía un cuerpo humano. Después de algunos años agregaba con humor: “Podríamos ganar dinero usando nuestra parrilla como crematorio”. Nadie se reía, me daba igual. Sabía que mi humor no era para compartir con nadie, pero de todos modos algún puñal tiraba por esos años.
Justamente, en esa gran parrilla, era en donde hoy prepararía mi cena. Me dispuse a cortar la carne, para comenzar. Ya eran las 21.30 pm. y mi asado estaba en la nada. Me daba mucha ira despedazar la carne, nunca obtenía un corte perfecto. Estaba acostumbrada a que Gior lo haga por mí. El definitivamente podría haberse catalogado como un buen carnicero, sin embargo hoy y nunca más estaría aquí. Había sido mi pareja desde hacía dos años, casi con locura nos hubiésemos casado y todo, si no fuera por la infeliz que decidió arruinar nuestro compromiso. Y ahí iba el hace unas semanas con su prestigiosa y negroide compañera. Dios, ¡asco me daban! ¡Repugnancia! Pero bueno, de modo que el amor es así y uno tiene que aceptarlo, por las buenas o por las malas. Realmente no sé por cual opté, de que manera encuadrar mi reacción. En fin, proseguiré con mi relato sin derivarme en estupideces.
Saqué los muslos primero, ya que era lo más difícil, luego el costillar. De este modo, limpiamente, pude sacar el corazón del animal. No pregunten por que, pero me encanta. Es difícil que alguien elija esta parte del cuerpo, quizás el cuello o el hígado, pero no encontraba persona alguna a la cual le gustase esta peculiar pieza. Salé cuidadosamente cada parte y lo llevé a la parrilla. Por momento pensé que las brasas se habían apagado, pero fue solo una ilusión óptica. Le di unas vueltitas al corazón observándolo cariñosa y hambrientamente, y luego lo dejé para que se cocine en el hermoso calor que producían las brasas en aquella noche de otoño.
Fui a la cocina y comencé a cortar el repollo colorado que tanto me gusta en finas rodajas. Le agregué los condimentos y un plus de mayonesa. Luego pelé y corté un pepino, también en finas rodajas. Las ensaladas eran algo que amaba desde mi niñez. Generalmente, cuando uno es pequeño, no posee el don para degustar los vegetales, se consuela más con lo carnívoro. Pero en mi caso, no fue así. Amaba las ensaladas de mi tía ¡Dios la bendiga! Ella fue quien desde pequeña me incentivó a comer todo tipo de verduras. Desde brócoli hasta cebollas. Una genia, sin duda alguna.
Me fijé cuidadosamente como marchaba la cocción de la carne y sin preocupaciones supe que pronto estaría todo listo. Comencé a preparar la mesa con cautela y elegancia. Cenaría sola, pero estar sola no era ningún motivo para dejar de preparar la mesa con algunas distinciones. Puse un plato, cuchillo, tenedor, una copa de Champán y, por supuesto, una vela roja. Se veía con tanta gracia que hasta yo misma, en chiste me dije: “Ya llegará, no hay apuro alguno, Ev”.
Para cuando saqué mi alimento de la parrilla, el reloj daba las 22.15 hs. ¡Dios! Era demasiado tarde para mí. Estaba acostumbrada a dormirme a las 23.00 hs., y aún tenía que comer, lavar los platos y leer a mi queridísimo Hesse. De todos modos, me contradije, era sábado, y los sábados son para acostarse tarde. Así solía decir mi madre en momentos de su existencia.
Pronto pude complacerme. Me senté en la mesa, junte mis manos tímidamente, y comencé a rezar en voz baja: “Dios, bendito seas por haberme traído a este hombre a mis manos. Bendice esta comida que gracias a ti puedo tener y que tanto nos falta hoy en día. Prometo degustar con amor cada entraña que mis labios rocen y amaré con cada parte de mi corazón a esta pieza de Gior, quien no supo amarme. Por siempre te tendré presente en mi alma, con este amor que de a poco sabe matarme. Bendice estas verduras y corazonada, por siempre agradecida. Amén”.
Y así fue como terminé mi cena. Realmente estaba hambrienta y sé que Gior estaría agradecido de saber que su corazón no fue a parar en un descuidado cementerio, si no, junto al mío.
01 agosto, 2008
Recuerdo o algo así
Quise importarte.
Quise hacerte sentir mío.
Quise poder ser aunque sea un recuerdo.
Quise protegerte.
Quise pensar en un futuro.
Quise no engañarme.
Quise poder dejarte.
Quise alejarme una vez más.
Y es tanto lo que me haces sentir.
Y es tanto lo que siento.
Y es tan grande el sentimiento.
Y es tan grande tu espacio en mí.
Pero quise marcharme.
Pero quise dejar el dolor.
Pero quise separarme.
Pero aún te siento, muy adentro mío.
Quise hacerte sentir mío.
Quise poder ser aunque sea un recuerdo.
Quise protegerte.
Quise pensar en un futuro.
Quise no engañarme.
Quise poder dejarte.
Quise alejarme una vez más.
Y es tanto lo que me haces sentir.
Y es tanto lo que siento.
Y es tan grande el sentimiento.
Y es tan grande tu espacio en mí.
Pero quise marcharme.
Pero quise dejar el dolor.
Pero quise separarme.
Pero aún te siento, muy adentro mío.
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